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La tecnología en la educación K-12 debe evolucionar hacia un enfoque más estratégico centrado en la fiabilidad y el uso real en el aula.

Mark Skehan, CEO de The Big Picture Group, compañía centrada en la integración de sistemas audiovisuales, cuenta con una amplia trayectoria en el diseño e implementación de soluciones tecnológicas para entornos educativos. Su experiencia le ha permitido observar múltiples olas de innovación que prometían cambiarlo todo, así como comprobar que la tecnología que realmente transforma un centro educativo rara vez es la más llamativa en un showroom.

A principios de este año asistió a ISE en Barcelona (Integrated Systems Europe). Tras recorrer sus pabellones, con miles de expositores y fabricantes mostrando sus últimas novedades, su principal conclusión no se centró en un producto concreto, sino en la brecha entre lo que es técnicamente posible y lo que realmente resulta fiable en un entorno escolar.

Esa brecha, según Skehan, es muy real. Aunque las herramientas disponibles son más potentes que nunca, en muchos centros educativos los responsables de TI y los docentes aún no aprovechan todo su potencial. De hecho, en numerosos casos, los departamentos de TI impulsan el uso de herramientas como Microsoft 365 para simplificar la gestión y reducir incidencias de soporte.

En el caso de la inteligencia artificial, Skehan observa que su creciente protagonismo en educación está plenamente justificado. Sin embargo, señala que el debate suele centrarse en lo que los alumnos pueden hacer con ella o en cómo limitar su uso, dejando de lado su impacto en el diseño, la gestión y el mantenimiento de los centros. Tecnologías como la monitorización asistida por IA, el mantenimiento predictivo o la analítica de espacios ya son una realidad y pueden contribuir a garantizar la fiabilidad de los sistemas a largo plazo, no solo en el momento de la instalación.

 

Uno de los aspectos que considera más relevantes es el avance hacia una estandarización con propósito. Cuando todas las aulas de un campus funcionan de forma uniforme —con la misma interfaz, lógica y experiencia— los docentes pueden centrarse en la enseñanza en lugar de en la tecnología. En ese escenario, la tecnología pasa a un segundo plano y el foco vuelve a situarse en los estudiantes.

 

Otro cambio clave es la conectividad. A medida que los centros educativos se expanden en múltiples edificios o campus, la infraestructura de comunicaciones y AV se convierte en un elemento crítico. No se trata únicamente de disponer de pantallas o altavoces, sino de garantizar la capacidad de comunicación en cualquier momento y circunstancia. Según Skehan, aunque esta tendencia ya estaba presente hace años, la brecha entre la teoría y la práctica en los centros educativos se está reduciendo progresivamente.

En este contexto, Skehan concluye que la gran oportunidad para las escuelas es dejar de adoptar tecnología de forma reactiva y comenzar a diseñarla de manera estratégica. Esto implica planificar las necesidades a medio plazo, establecer estándares en todo el campus, priorizar la experiencia del docente y garantizar un soporte adecuado. En última instancia, no se trata solo de una decisión tecnológica, sino de liderazgo.

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