El aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas nació como sustitución de los aeropuertos de Getafe y Carabanchel.
Comenzaron sus procedimientos comerciales en 1933, con una operación de 378 vuelos y 2.873 pasajeros transportados.
Las revoluciones industriales a lo largo de los años impusieron al aeropuerto a realizar reformas sucesivas, la primera de las cuales fue en 1944, consistiendo en una pavimentación de la pista de 1.400 metros de longitud.
A partir de ese año el número de pasajeros que pasaban por el aeropuerto siguió en aumento llegando en los años 50 a tener un tránsito de medio millón de pasajeros y creciendo a lo largo de los años posteriores, lo que provocó que el aeropuerto tuviera que adaptarse a las nuevas necesidades, acometiendo en el año 1954 la construcción de un nuevo terminal, lo que se conoce como el Terminal Nacional y se complementó con un terminal de carga y estacionamientos de aviones cargueros.
En 1965, el aeropuerto pasó a llamarse Aeropuerto de Madrid – Barajas y el decenio de los setenta el tráfico rebasaba los cuatro millones de pasajeros al año, por lo que en 1971 se inició la construcción de un nuevo terminal de pasajeros exclusivo para el tráfico internacional, conocido como Terminal T-1.
En el año 2000, para aumentar la capacidad del aeropuerto hasta los 70 millones de pasajeros al año, se impulsó el denominado Plan Barajas con la ampliación del Aeropuerto que culminó el 4 de febrero de 2006 con la puesta en marcha de una nueva área terminal, que incluía la actual T4 y su edificio satélite, el T4S y con los más modernos medios para este tipo de instalaciones (transportes automatizados para viajeros y sistema automatizado de transporte de equipajes, nuevas pistas y sistemas de calles de rodadura, plataformas, torre de control, aparcamientos, sistemas viarios, y servicios auxiliares y complementarios).
Como se ha ido viendo, la transformación del aeropuerto desde su inicio ha sido continua, debido al aumento de pasajeros, con interesantes aspectos técnicos inherentes a la construcción de las diversas ampliaciones, por lo que se tratará, en esta Jornada, de que sus protagonistas, verdaderos expertos en la materia, cuenten, por lo menos en parte, los procesos de su desarrollo.
Esta última ampliación fue todo un reto, y aunque a nivel popular quizás lo más visible del Plan fueron los edificios terminales, es cierto que la relevancia de las otras actuaciones ha sido de más entidad en el aspecto aeronáutico y sin olvidar los aspectos humanos en el gobierno de personas y equipajes. Los ponentes, actores principales de esta ciclópea actuación, ilustrarán sobre las heroicidades humanas que tuvieron que afrontar, sólo posibles con la excelencia que poseían en conocimientos y entusiasmo.
La alta profesionalización de los equipos humanos y técnicos de las empresas implicadas en la construcción, dio lugar a un seguimiento acertado de las directrices de AENA y lograr una eficaz colaboración y coordinación en todos los aspectos de las obras, sin las que hubiera sido muy difícil acometer la complejidad de las mismas.
Inicialmente los terrenos del aeropuerto eran un páramo, pero el progreso, no siempre bien enfocado, hizo que todo el entorno se colmase de edificaciones, con la consiguiente dificultad de solventar temas de contaminación acústica, de comunicaciones viarias, de expropiaciones, etc., esforzadamente resueltos por AENA.
El valor humano y técnico de los protagonistas, ponentes en esta Jornada, ha dado lugar a la existencia de uno de los mejores aeropuertos del mundo. El Instituto de la Ingeniería de España muestra su reconocimiento por esta obra de la ingeniería española y agradece a los ponentes su colaboración en la celebración de esta jornada.
