La inteligencia artificial ya forma parte del presente del sector de la seguridad y el audiovisual.
Lejos de ser una tecnología emergente, su integración en sistemas de videovigilancia, control de accesos y analítica de vídeo está transformando el mercado y abriendo nuevas oportunidades para integradores, instaladores y proveedores de servicios gestionados.
Según datos del mercado, el segmento de la IA aplicada a la videovigilancia alcanzó un valor de 6.510 millones de dólares en 2024 y se prevé que supere los 28.760 millones de dólares en 2030, con una tasa de crecimiento anual compuesta del 30,6 %. Un escenario que, según Anna Acopian, fundadora y CEO de SafegateAI y moderadora de la Integrate AI Conference, refleja una realidad que ya está condicionando las decisiones de inversión del sector.
Más allá de la seguridad: el valor energético de la IA
Uno de los aspectos con mayor potencial, y todavía poco explotado por muchas empresas, es el papel que puede desempeñar la inteligencia artificial en la gestión energética de los edificios.
Las infraestructuras permanentes de videovigilancia generan grandes volúmenes de datos de forma continua. Al incorporar herramientas de analítica basadas en IA, esa misma infraestructura puede convertirse también en una plataforma capaz de optimizar el consumo energético del edificio.
Un estudio publicado por Energy Informatics (Springer, 2025), basado en el análisis de 126 investigaciones, concluye que los sistemas de aprendizaje por refuerzo permiten reducir el consumo energético de edificios inteligentes en un 22,3%, mientras que las soluciones híbridas basadas en IA alcanzan ahorros de hasta el 28,1%. Además, el retorno de la inversión se sitúa entre 2,1 y 5,8 años.
En la práctica, una cámara de videovigilancia instalada en un edificio de oficinas puede detectar que una planta permanece desocupada durante la noche y comunicar esa información al sistema de gestión del inmueble para reducir automáticamente el funcionamiento de la climatización. La infraestructura ya existe; el valor añadido lo aporta la capa de inteligencia artificial.
Dado que los edificios representan aproximadamente el 36% del consumo energético mundial y generan cerca del 40% de las emisiones globales de CO₂, la integración de IA en sistemas de seguridad puede convertirse en una herramienta de gran valor para cumplir los objetivos de sostenibilidad y eficiencia energética.
La regulación avanza más despacio que la tecnología
Mientras las aplicaciones basadas en reconocimiento facial y analítica inteligente se extienden rápidamente, la regulación continúa evolucionando a un ritmo mucho más lento.
La Policía Metropolitana de Londres, por ejemplo, escaneó alrededor de un millón de rostros durante 2025 y ya ha anunciado la instalación permanente de cámaras de reconocimiento facial en tiempo real en el sur de la ciudad.
Al mismo tiempo, el Reglamento Europeo de Inteligencia Artificial (EU AI Act) comenzó a aplicar en febrero de 2025 las primeras obligaciones relacionadas con las prácticas prohibidas y la alfabetización en IA, estableciendo distintos niveles de riesgo para los sistemas de inteligencia artificial.
En este contexto, incorporar criterios de privacidad desde el diseño y garantizar el cumplimiento normativo deja de ser únicamente una obligación legal para convertirse también en un elemento diferenciador para integradores e instaladores.
El coste oculto de la inteligencia artificial
Aunque las ventajas tecnológicas son evidentes, la implantación de la IA también introduce nuevos retos económicos.
El gasto medio mensual de las empresas en soluciones de inteligencia artificial alcanzó 62.964 dólares en 2024 y se espera que ascienda a 85.521 dólares mensuales en 2025, un incremento del 36%. Además, casi la mitad de las organizaciones prevé superar los 100.000 dólares mensuales de inversión en IA.
A diferencia de los modelos tradicionales de hardware o software, los costes asociados a la inteligencia artificial dependen del consumo continuo de recursos. Los sistemas de monitorización permanente, la analítica de vídeo o las plataformas de cumplimiento normativo procesan información de forma ininterrumpida, generando costes incluso cuando ningún usuario interactúa directamente con el sistema.
Para las empresas que gestionan plataformas de videovigilancia con analítica basada en IA, esta realidad empieza a traducirse en una presión directa sobre los márgenes.
Diversos estudios estiman que entre el 30% y el 50% del gasto en la nube relacionado con la IA corresponde a recursos infrautilizados, infraestructuras sobredimensionadas o cargas de trabajo poco optimizadas. A ello se suman los modelos de facturación basados en consumo, responsables de que el 78% de los responsables de TI haya registrado costes inesperados en servicios SaaS.
Un modelo de negocio adaptado a la IA
Ante este escenario, Anna Acopian identifica tres estrategias para las empresas del sector: incorporar la analítica basada en IA como un servicio de valor añadido sobre contratos existentes; desarrollar servicios gestionados basados en inteligencia artificial; o especializarse en la integración de plataformas de terceros sin asumir el coste operativo de los modelos de IA.
Independientemente de la estrategia elegida, la recomendación es la misma: planificar los costes de la inteligencia artificial con el mismo nivel de detalle con el que se planifica el despliegue de una infraestructura física, definiendo desde el principio los costes unitarios, la utilización prevista y los mecanismos contractuales que garanticen la rentabilidad del proyecto.
Para Acopian, las organizaciones que combinen un modelo comercial sólido, una estrategia clara de cumplimiento normativo y un control preciso de los costes estarán mejor preparadas para aprovechar todo el potencial de la inteligencia artificial.
La tecnología ya está disponible. El verdadero reto pasa ahora por adaptar el modelo de negocio para obtener de ella un retorno sostenible.
